lunes, 24 de octubre de 2011

Querida princesa

Sensible princesa, niña de piel blanca, luz que quema la razón. A veces te miro y veo el pasado, mi pasado, quizás lo único que deseo ver de él. Quién sabe si algún día, al mirarte, veré el futuro, y no el pasado, y vivamos de nuevo como yo lo vivo ahora.

Dulce deseo, pequeña vida, gran parte de mi alegría, tú haces el día con tu presencia y la noche con tu ausencia, haciéndome difícil diferenciar entre el Sol y la Luna, la muerte y la vida, la tristeza y la alegría, el sentido de la vida.

Muérdeme, siénteme y disfrútame, porque si algo he aprendido en todos estos años, el futuro no es más que el presente, y es tan incierto como lo que hagas en cada momento.

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