Hoy en día está demostrado que los gustos nacen con la persona y se desarrollan con el tiempo. Esto me hace pensar, y nos debe hacer pensar a la mayoría, que los gustos son algo inevitable, algo incontrolable.
No se puede elegir lo que te gusta, es algo que sientes o que no sientes, algo que aparece o no lo hace. Con este pensamiento en mente, vayamos directamente al tema que nos ocupa, las mujeres.
Si yo he nacido con unos gustos, que luego he potenciado con el paso de los años y han aparecido otros nuevos, me pregunto ¿por qué me tienen que gustar las rellenitas? Mi gusto es de mujeres delgadas, en algunos casos demasiado delgadas si tienen una cara bonita, ¿me hace eso mala persona? ¿No tienen derecho ellas a ser deseadas como las rellenitas? ¿por qué la mayoría de las mujeres me miráis mal cuando lo digo?
Solo es un gusto, como al que le gustan las morenas con ojos azules, o al que le gustan las personas de su mismo sexo. Solo hay una razón para que os moleste, y todos la sabemos, incluso vosotras. Os sobran kilos, y no tenéis la suficiente fuerza de voluntad para que eso cambie.
Esa frustración me la tiráis encima cuando digo que me gustan más delgadas que vosotras, me miráis con esa cara de suficiencia mientras soltáis alguna gracia pos esa boca que dios os ha dado, y el demonio a moldeado.
Como si fuera culpa mía esos donuts de chocolate que os coméis, o que para merendar no os valga una manzana y una pera, sino algún tipo de bollo o algo que pase por el horno o el microondas.
Yo solo tengo algo que deciros, y hablo en nombre de muchos hombres, cuando digo, que sería un honor poder estar con cualquiera de vosotras. No toméis en cuenta nuestros gustos, pues son solo eso, gustos, y el pasar 60 años con una misma persona no es cuestión de gustos, sino del verdadero entendimiento del ser de cada uno, y eso se puede conseguir con unos kilos de más.
Os animo a sentiros bien con vosotras mismas, y no solo por ganar yo al no recibir vuestra frustración, sino por ganar vosotras pues encontraréis la fuerza necesaria para quitaros esos kilos, o alegraros con cada pequeña bajada, o subida.
No me odiéis, no tengo el control de mis gustos, y las delgadas tienen también derecho a sentirse deseadas.
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