domingo, 11 de marzo de 2012

El hombre que perdió a su amada

Hastío, tristeza, oscuridad, ciudad apagada de noches eternas.

El amor clama al cielo con claras preferencias, pero no es escuchado, sino tratado con indiferencia. Solo a veces es oído, pero no los mensajes adecuados.

Negrura en vena sin trapos ni poemas, malas noticias formando una cadena, que aprisiona el pecho cada hora y enmudece el pensamiento arrebatándole las ideas.

¿Serán los ángeles solo ficción? Creados con imaginación y deseo, sin percatarme de su verdadera forma. O quizás son reales, están ahí, y simplemente me son negados.

Pequeñas luces de felicidad recorren mis ojos, donde luego desaparecen para siempre como faros en el horizonte de una tierra lejana que jamás volveré a visitar, y que jamás llegaré a conocer.

Duras banderas encuentro en otras tierras ya conquistadas, enormes castillos defensores que no contruí en mi propia casa de la que fui expulsado, perdiéndolo todo y llevando solo mí espíritu en busca de un nuevo lugar.

Quizás es mi castigo por ser tan confiado, por intentar el bien del otro antes del mío, o quizás es por pura y simple codicia.

Espero pronto encontrar nuevas tierras, pues mis defensas mueren cada día, y no se cuanto aguantaré sin que mi barco pierda todos sus hombres y navegue para siempre a merced de la marea, como un barco fantasma sin luz, corazón ni alegría.

1 comentario:

  1. va sobre un hombre que pierde su amada, y busca nuevas tierras donde dar su amor y alegría.

    ResponderEliminar