Hastío, tristeza, oscuridad, ciudad apagada de noches eternas.
El amor clama al cielo con claras preferencias, pero no es escuchado, sino tratado con indiferencia. Solo a veces es oído, pero no los mensajes adecuados.
Negrura en vena sin trapos ni poemas, malas noticias formando una cadena, que aprisiona el pecho cada hora y enmudece el pensamiento arrebatándole las ideas.
¿Serán los ángeles solo ficción? Creados con imaginación y deseo, sin percatarme de su verdadera forma. O quizás son reales, están ahí, y simplemente me son negados.
Pequeñas luces de felicidad recorren mis ojos, donde luego desaparecen para siempre como faros en el horizonte de una tierra lejana que jamás volveré a visitar, y que jamás llegaré a conocer.
Duras banderas encuentro en otras tierras ya conquistadas, enormes castillos defensores que no contruí en mi propia casa de la que fui expulsado, perdiéndolo todo y llevando solo mí espíritu en busca de un nuevo lugar.
Quizás es mi castigo por ser tan confiado, por intentar el bien del otro antes del mío, o quizás es por pura y simple codicia.
Espero pronto encontrar nuevas tierras, pues mis defensas mueren cada día, y no se cuanto aguantaré sin que mi barco pierda todos sus hombres y navegue para siempre a merced de la marea, como un barco fantasma sin luz, corazón ni alegría.
va sobre un hombre que pierde su amada, y busca nuevas tierras donde dar su amor y alegría.
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